To wear or be bare… / Cubierta o en pelota…

Sofi in Red
My mother told me the following tale whenever a scantily clad woman caught our attention: ‘The beach is full of women in bikinis, but guess who gets the most attention? The woman with the long billowing skirt. Why? Because whenever the wind playfully lifts a section to reveal a part of her leg, all the men turn to see if they can catch a glimpse of what has been hidden.’

I understood that she hoped I would be wearing the skirt, and not the bikini, in the real-life version of this tale. (She never did mention the possibility of it being a nude beach, in which case, the effect of the flowing skirt would be even more enhanced.) The message was mixed though, as so many tales for children often are, for what started the conversation was always a fleshy/flashy woman that WAS getting attention. And the moral of the story, ironically, pointed out explicitly HOW to get attention– cover-up! Therefor, the critique that had started out being against what the woman was wearing, had turned into a lesson on how to command even more attention than her! Not exactly the message mama had in mind.

Nudity suffers at the hands of similarly flawed logic. Cultural constructs bombard us with the evils of the naked body and those who show it. Meanwhile, churches and museums are filled with nude statues and paintings of stunning beauty. The extremes to which the bare body has been relegated distances the completely natural state it represents.

An ex-roommate of mine who is a grade school teacher attended the last session of Naked Girls Reading. Prior to that night she had never seen me without clothing. At the conclusion of the evening she told me, “I thought it was going to be awkward seeing you naked, but it wasn’t at all.” Her comment is repeated in similar fashion by many who attend.

The truth of the beach tale lies in the fact that the longer the most is shown, the more the attention diminishes. Hence, burlesque dancers, for the most part, keep the audience enthralled with the tease of revelation, only to show the most for the very least amount of time. The power of nude art, on the other hand, lies not in holding our attention, but in inspiring our reflection on our bodies, our nature, ourselves…

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Mi mamá me contaba la siguiente historia cuando una mujer despampanante nos llamaba la atención: ‘La playa esta llena de mujeres en bikinis, pero ¿Quién crees recibi la mayor atención? La mujer de falda larga. ¿Por qué? Porque cuando el viento sopla, jugando con su falda para descubrir parte de su pierna, todos los hombres voltean para ver si pueden hecharle un vistaso a lo que se ha escondido por debajo.’

Entendía que ella deseaba que yo fuese la de la falda, y no lo del bikini, en la versión de la vida real del cuento. (Nunca mencionó la posibilidad de una playa nudista, donde resultaría aún mayor el efecto de la falta soplada por el viento.) Sin embargo, el mensaje era mixto, padecimiento de la mayoría de los cuentos para ni~os, ya que lo que comenzaba la conversación siempre era una mujer puti-pimpolla que ESTABA llamando la atención. Y la moraleja de la historia, irónicamente, explicaba CÓMO atraer la atención– ¡cúbrete! Así que la crítica que comenzó en contra de lo que la mujer llevaba puesto, se convertía en una lección sobre cómo atraer más que ella. No exactamente el mensaje que mi mamá tenía en mente.

La desnudez sufre a manos de una lógica igualmente careciendo de concordancia. El bagaje cultural nos suprime con el peso de lo maligno que es el cuerpo desnudo y aquellos que lo ense~an. Mientras que las iglesias y los museos estan llenos de estatuas y pinturas de desnudos en su belleza impresionante. Los extremos a los que el cuerpo descubierto ha sido relegado crea un distanciamiento del estado plenamente natural que representa.

Una excompa~nera de cuarto mía que ense~a primaria fue a la más reciente sesión de Mujeres Desnudas Leyendo. Antes de esa noche ella nunca me había visto sin ropa. A la conclusión del evento me dijo, “Pensé que sería extra~no verte desnuda, pero no lo fue en lo absoluto.” Su comentario es repetido de manera similar por muchos de los del público.

Lo verdadero del cuento de la playa es que, en efecto, entre más se ense~na por mayor tiempo, menor atención se le presta. Por eso, las bailarinas burlesque, en su mayoría, mantienen al público cautivado con la provocación del revelar, sólo ense~ando más por menos tiempo. Por lo contrario, el poder de la desnudez artística esta no en el mantener cautivada la atención, sino en inspirar la libre reflexión sobre nuestros cuerpos, nuestra naturaleza, y nuesto ser…

~ by sofiminx on September 15, 2009.

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